Viven en una comarca cubierta de vegetación. El pueblo rodea un lago, tranquilo. Las barcas pescadoras abundan en los días calmos. Si el viento llega apresurado, del oeste, cambia el paisaje. Pocos peces llegan a las cocinas.
Muchas casas alejadas de la costa, están habitadas por agricultores. Plantaciones de arroz: surcos verdes sobresalen del agua quieta, en las hondonadas del terreno.
Es un pequeño universo que unifica: peces, barcas, verde, azul, hombres y las pocas mujeres que salen de sus casas; calladas, pasos rápidos, pies pequeños, muy pequeños, ojos rasgados, sonrisa dibujada.
En la temporada de lluvia las viviendas parecen enlutar.
Amanecer y crepúsculo son un solo color.
De noche, pocas luces salpican el manto de terciopelo oscuro que todo cubre y agrupa.
Hoy las sombras aguardan el momento, el instante esperado. La dulce combinación del pasado amargo y el presente con un nuevo sabor.
Apenas iluminadas, manos femeninas trabajan sobre tablillas de madera clara. Los pinceles finos, deslizan color y forma sobre la caligrafía secreta. Es el último signo, el que tardó en surgir luego de haber ideado, entre todas, más de dos mil signos. Los ojos son casi una línea húmeda que observan la gestación y se agrandan como si no comprendieran lo que está delante de ellos Ha nacido el Nushu. Tan necesario como alimentar el cuerpo. Las mujeres reunidas beben té caliente, por primera vez las sonrisas son verdaderas.
El viento golpea las paredes. rebelde, igual que ellas, tal vez resentido; ya no le confiarán sus secretos, ahora pueden escribir y leer con un lenguaje propio.
La felicidad, esa pequeña porción de felicidad brotará en cada palabra. Nadie sabrá si del pecho o pintada en las paredes del miedo a no permanecer o son parte de un sueño, nacido en ojos suaves como el agua, después de tanto llorar su ignorancia.
Los hombres duermen sin notar la ausencia de sus esposas, hijas, hermanas. Nunca la notan. Hace años que ellas se reúnen, discuten, dibujan, crean. Letras y sonidos. Palabras que serán repetidas por otras mujeres que tampoco tuvieron acceso a la escritura.
No importa el frío, la lluvia, las campesinas sonríen, han hecho una revolución, una proeza. Igualaron a los hombres, lo callan.
El viento pasea por el pueblo que envuelve al lago, susurra en las ventanas lo que aprendió: nushu, repite. Nushu grita a veces. Nushu aúlla colándose por grietas.
Las gotas persistentes hablan también el nuevo lenguaje y lo dejan escrito sobre los techos brillantes: Prohibido leer, prohibido escribir. Arrepentida, la lluvia pasa un borrador en un ímpetu de agua derramada.
Esas palabras ya no tienen sentido.
Adentro la risa callada de las mujeres parece adivinar el mensaje.